Afectados denuncian violencia psicológica y amenazas en Correntina (Bahía)

Fuerzas de tareas de la Policía que vienen investigando los actos ocurridos en defensa del agua en Correntina (Bahia), han usado la violencia y la presión psicológica para presionar a las familias afectadas.

Foto de las fuerzas armadas en Correntina

 

Invadieron mi casa, me revolvieron las piezas, desordenaron todo, y me apuntaron con un arma por casi una hora”, afirma una de las testigos, que no se quiso identificar por motivos de seguridad. La señora, de más de cincuenta años de edad, campesina, de origen humilde, nunca había vivido algo parecido en su vida.

Distintos relatos denuncian distintos absurdos cometidos por los investigadores e investigadoras de la policía, que van desde presión psicológica para que personas firmen intimaciones en nombres de otros acusados, interrogatorios con niños y amenazas.

“Ellos me dijeron que a mi hijo lo iban a agarrar de cualquier manera, por las buenas o por las malas”, relató una de las señoras.

Histórico

No es de hoy que esta región enfrenta conflictos de esta naturaleza. En los años 70, más de cuarenta años atrás, policías -muchas veces pistoleros del agronegocio- ya amenazaban a los pobladores de la región con métodos similares.

La lucha en la época era por la tierra. La “grilagem” -un término portugués para denominar los avances ilegales sobre las tierras a través de documentos fraudulentos- avanzaba cada vez más sobre los pueblos ancestrales. Las comunidades tradicionales de los “Fechos de Pasto”, grupos colectivos surgidos hace más de 300 años, que nuclean pueblos defensores del Cerrado (uno de los mayores biomas brasileños) eran intimidados con amenazas similares.

Hoy, después de duros años de lucha, las comunidades todavía resisten. Sin embargo, hoy la principal disputa es por el agua.

“Fue de a poco, ellos comenzaron invadiendo nuestras tierras, amenazándonos. Los propios trabajadores contratados para alambrar andaban armados y nos amenazaban diariamente, pero nosotros resistimos”, afirma un señor, con más de 70 años, que vivió aquellos años de lucha dura.

Según él, hoy en día, lo que resta del territorio de los antiguos “Fechos” no llega al 5% de su área original.

Foto

Naciente de agua preservada en la región de los "Fechos de Pasto" (Foto:MAB)

“Agarraron a un señor totalmente inocente, que estaba viniendo por la ruta con un arma de caza, lo subieron al patrullero, y lo obligaron a señalar las casas de las otras personas intimadas”, cuenta la señora cuya casa fue invadida por la policía. Y dice que tiene miedo de que le planten pruebas en su casa:

“Me quedé con miedo de que me planten alguna cosa. Estaban locos de rabia, querían encontrar algo sea como sea. Llegaron a desconfiar de un pedazo de rapadura (un dulce a base de azúcar mascabado) diciendo que era droga”.

Ni los niños que viven en la zona escaparon de la acción truculenta de la policía. Testigos afirman que un niño de siete años, que andaba por la calle principal de la comunidad fue interrogado, y presionado para señalas casas de personas supuestamente sospechosas por los últimos levantes dl pueblo.

La policía recorrió hasta los liceos de la región, en busca de posibles sospechosos. En una de estas veces, forzó a una funcionaria -que ni siquiera había tenido su nombre vinculado a la investigación- a firmar una intimación. Horas después, sin posibilidades de solicitar orientación jurídica, fue convocada a declarar.

 

Foto del documento

Documento que la Policía forzó a firmar. (Foto: arquivo pessoal)

Según una nota divulgada ayer por el Comité Brasileño de Defensoras y Defensores de Derechos Humanos (CBDDH), la región vive un estado de excepción.

“Reina, en este momento, un verdadero estado de excepción en Correntina, en el que las libertades y garantías colectivas e individuales están suspendidas bajo el pretexto de identificar y capturar a los supuestos líderes de las manifestaciones, que aparentemente ya fueron elegidos como responsables por las autoridades policiales”, afirman.

Otra señora, que también vio cómo los policías invadían su casa, revive su propia historia.

“Yo soy traumada. Cuando era niña, vi a mi padre siendo perseguido por defender nuestras tierras. Agarrada de la pollera de mi madre, vi como él era humillado por los policías, que invadieron mi casa. Hoy, después de décadas, veo cómo se repite esa misma situación”, relata.

“Sufrimos persecución, porque somos defensores de la Naturaleza, del Cerrado. Ellos son defensores del lucro, del agronegocio, y por eso nos ven cómo enemigos”, afirma.

En esa línea, otra señora, 60 años vividos en la región, expresa su indignación por vivir en una guerra la mayor parte de su vida: “Ellos no tienen corazón, el corazón de ellos es el dinero”.